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No le tengo aprecio a la Navidad, ha sido despiadada con mi familia, y en mis primeros años de juventud sencillamente la ignoré. Conocer con el tiempo otro entorno más amable con el afecto y asimilar que la alegría tenía cabida en estas fechas, especialmente con sobrinos de por medio, me apaciguó al respecto.

El sábado pasado lo dediqué al contacto con mi madre y a que ella se sintiera a gusto. Unos amigos nos invitaron a pasar el día en su casa. Para mí fue un regalo, lo recibido de ellos y lo entregado por Faustina, que es como ella se llama. A ella espero devolvérselo leyéndole un poema en algún momento de la noche.

Hace un par de años mi hermano Paco preparó un belén delicioso que amenizó la fiestas bajo una perspectiva diferente. Traerlo de nuevo aquí, me parece la mejor manera de felicitaros la Navidad o lo que sea esto que aceptamos sin rechistarle demasiado y que nos viene impuesto. Capitalismo y patriarcado haciendo de las suyas, como bien ha recordado hoy una buena compañera.

Nada más, os deseo una velada dedicada a los cuidados, los propios y los ajenos y en la que lo importante sea sentir gratitud hacia la gente que nos quiere, y por supuesto hacérselo saber; que no os ahorréis en eso ni una sola palabra.

Cuidados

Aunque tu cara conserve para el tacto
Una curva suave, casi un capricho
Que tu naturaleza muestra hermoso, sin pliegues,
Eres el vivo ejemplo de que la vida es dura
Para los diferentes. Una tez de canela
Ha resistido como una inmune almena
Al paso de los años. Detrás de la caricia
Me sonríe esa niña que tiende a las preguntas
Incompletas, repetidas de manera automática;
Una mecha en la llama
Que llama la atención sobre lo poco o nada
Que sabemos cuidarte.

Nos puede la fatiga y el abuso del tiempo.
Tu mirada ha recorrido demasiado tormento,
Y sin embargo hoy brilla cuando te toco la rodilla
Y te pregunto cómo fue la semana
Y me la cuentas. Lloraste porque te hicieron daño,
Nuevamente. Resuelvo del relato
Eso que ya no ves, y te imagino
Buscando aprobación en la frontera hostil,
Donde todos sabemos que el desprecio
Hace de levadura a las habladurías.

A tu ser dolorido, acuchillado
En miles de combates, algunos por la espalda,
Ya no le quedan ganas. Para qué responder
Salvo con lágrimas. Alguien se acerca,
Sigues con tu relato, y te consuela,
Y siento dentro un evidente alivio.
A la frontera le quedan centinelas
Que atienden el peligro de tu llanto
Y te devuelven con cariño
A un terreno seguro. Terminas,
Me emociono al comprobar lo fácil
Que ha sido hablar contigo
Bajo este sol espléndido
que nos moja la cara.

A veces lo que era complicado
Se mueve en el espacio,
Y en ese tránsito se deshacen los nudos.
Algo así nos sucede y por primera vez
Te leo. Son poemas dedicados a ti.
Tu rostro me revela que los vas comprendiendo.
Abrimos habitaciones al empujar apenas
La puerta con los dedos. Atravesamos
Veinte años de silencios y te cuento
Sobre asuntos prohibidos. Explico
Rápidamente que detrás de ese esfuerzo
Por no invocar a los fantasmas
Solo hay prudencia y miedo;
Y eso pesa en el ánimo de abonar tus recuerdos.

La tarde se prolonga, se nos despliega
Con su entretela de emociones,
Sujeta nuestro rostro a una pantalla
Donde podemos ver la vida en fotogramas.
Remando contra la voz brumosa del pasado
Nos hacemos presente, te miro el rostro
Atentamente,
Resalta sobre la oscuridad de la película
Que suaviza tu piel sin hendiduras
Debajo de los ojos. Te quiero acariciar,
Aunque resulta preferible
Que todavía respires un resto de sorpresa,
Un motivo de fuga en medio de la pena,
O algo que de tan simple parece tan difícil
Como que sigas disfrutando.