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No son suicidios, son asesinatos y el asesino o la asesina tiene nombre.
El banco que desahucia tiene nombre, la presidenta de ese banco
Tiene nombre, sus accionistas tienen nombre, el juez que desatiende,
Además de a su conciencia, a lo que dicen los tratados
Tiene nombre, el policía que hace lo que le dice el juez
Renunciando a tener identidad como individuo tiene nombre,
El funcionario que le da carpetazo a un futuro suicidio
Claro que tiene nombre, el concejal que permuta
La vida humana en votos tiene nombre, el alcalde que duerme
Esa noche en su cama tiene nombre, el comunicador de masas
Que empuja por el agujero del silencio la verdad y la asesina tiene nombre,
Todos los diputados y ministros y presidentes que legalizan
Esta muerte homicida tienen nombre, el ciudadano
Que deposita un voto que provoca suicidios tiene nombre,
El asesino silencioso que mira indiferente la valla destrozada
Tiene nombre y yo le llamo por su nombre.

Diez pisos de caída no se bajan voluntariamente. Junto a la gravedad,
hay una fuerza que violenta la vida hasta su límite.
La única obsesión del asesino no es que su acción le provoque la náusea,
Le haga cambiar siquiera la mirada de sitio. Su verdadera preocupación
Estriba en que el resultado de su acción no le delate, se disuelva en el tiempo,
Y en cierto modo le prepare la justificación para el siguiente asesinato.