Seleccionar página

Para el asfalto, para los dormitorios,
Para los puentes, para todo lo que comes
Han sido imprescindibles las manos de mi hermano.
Ni siquiera imaginas el sudor derramado en un invernadero,
O las horas que empleaba bajo el frío de una cámara.
Sus oficios, su capacidad de aprender, sus enormes habilidades
excederían por enumeración la longitud habitual de los poemas.

Y sin embargo mi hermano es una cifra vaga
Para quien avanza con ventaja de clase por el camino fácil
Y reprime el accidente de apartar su ignorancia,
De abandonar la criminal inercia que empereza sus neuronas.

Mi hermano dejó de trabajar un día y, claro, no por gusto;
Pero para el cretino se entiende por esfuerzo el repetir
Cada mensaje impreso en un argumentario,
Sin barruntar el ejercicio de oponerse con la duda.

Gracias a la duda, el pensamiento humano
Pudo quitarse lastre y avanzar. Más de uno
Se liberó de dogmas, de la fe equivocada
De la oveja, del afán de balar.
De modo que, si tú eres el cretino, no desprecies a la duda.
La duda te puede convencer un día de lo contrario.

Imagínate que lo pillas y comprendes que el mundo
Está lleno de hermanos como el mío a puntito de ahogarse
Dentro del vasto océano del oprobio que es esa indiferencia.

Imagínate que lo pillas y comprendes
Que este poema no habla de mi hermano de sangre,
Sino de mi otro hermano. Venga, esfuérzate.

Ese al que que algunos que piensan como tú acosan implacables,
Le deniegan papeles, le sacan de las listas sanitarias,
Le echan a patadas de su casa, le arracan a sus hijos
Entre ruidos terribles, le golpean bajo el amparo de las leyes,
Y le acusan de un delito de rabia y de impotencia,
Aunque utilicen otro nombre.

Se necesita que pienses de verdad en tu hermano,
Porque en este momento le ocurren estas cosas
Que de una u otra forma podrías evitar.

 


Y ahora sí, voy a hablar de lo que hoy ocurre con mi hermano.

O mejor, que lo haga él.