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La habitación acoge densidad, se encuentra abarrotada
Rebosa permanencia, la huella de la noche
Adherida a la ropa mientras se añaden rostros
Que vienen respondiendo al toque de a rebato.
Nos quieren desahuciar a nuestra Carmen
Y acudimos allí para enfrentar lo incierto.
Nadie asegura qué nos traerán las horas por delante,
Si la alegría saldrá para borrarnos el frío que he comprobado
Nos aguarda ahí afuera. Por ahora la calle está tranquila.

Es hora de bajar, de defender la puerta,
De motivar al ruido para que llegue lejos,
De gritarle con fuerza a los balcones
“Vecina, desahucian en tu puerta”
Tal vez se asome alguien. Cualquier apoyo
Sabe como un maná que lloviera del cielo.
Hoy el cielo se abre detrás de las ventanas
Del colegio de enfrente. Los brazos de los niños
Saludan la lección que les dicta la calle.

La espera es una larga enredadera de la que cuelgan cánticos,
Brotan los “sí se puede”, se disparan arengas
Recordando que estamos también en una guerra,
Una guerra pacífica, pero con enemigos
Que abusan de violencia. Van llegando efectivos
Y amenazan de lejos con su puesta en escena.
Con cascos colganderos y prendas al cuello oscuras
Nos muestran su intención, rebozo por debajo de los ojos,
Enfundadas, las porras que podrían golpearnos
Sin ningún miramiento, sin ninguna empatía y sin mediar palabra.

La palabra no existe para los desalmados y aún así
Hay un comisión dispuesta a negociar otra salida
Que no sea la prevista por el juez impasible.
Nuestra fuerza se encuentra al descubierto,
Reside en esa masa numerosa de cuerpos
Que se agolpan delante de la puerta
A la que aporto un peso y una firmeza clara.
Comprendo sin fisuras qué me ha traido aquí,
Le pongo una mirada incluso a lo que ocurra
Después de las palabras y repito hacia dentro
“Que pase lo que tenga que pasar”

Al fin llegan noticias del grupo que negocia.
No han llegado a un acuerdo. Así que resistencia.
Y sale Carmen y vuelven a intentarlo.
Si algo hemos aprendido es a no claudicar.
Noto ese nerviosismo en el silencio tenso
Que se rompe en añicos cuando una voz nos canta.
Y pienso en la mujer que lo ha cantado todo,
Que se ha dejado el cuerpo y el alma por la causa
De estar cada mañana en un desahucio ajeno.
Que tiene dignidad también en estas horas
En que la vida amaga con quitárselo todo.

Carmen es mucha Carmen, se aprecia a simple vista
Que Carmen somos todas. Habría que ser muy ciego
Y el subastero cede. Amenaza entre dientes.
Se queda con las ganas de robar a su antojo.
Lo intentará otro día, nadie se lleva a engaños.
Pero ahora no es momento de pensar en mañana,
Tan solo hay que acercarse y darle un beso fuerte
A la mujer cansada que ha resistido el golpe.